Día Internacional del Síndrome de Asperger: “Que sea una discapacidad ‘invisible’ no es una ventaja, porque hace que la gente asuma que no necesitas ayuda”.

por Comunicacion | Feb 18, 2026 | Fespau, Noticias | 0 Comentarios

Cada 18 de febrero se conmemora el Día Internacional del Síndrome de Asperger. El Asperger es una categoría que ha desaparecido en las últimas versiones de los sistemas de clasificación utilizados internacionalmente para realizar diagnósticos clínicos —CIE-11 y DSM-5— desde 2013, quedando integrado dentro del Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).
Más allá del término, lo importante son las personas.
Con motivo de esta jornada, hablamos con Javier Nieto García-Cano, joven autista que pertenece a la entidad federada Autismo Toledo APAT y al Grupo Asesor TEA de Federación Autismo FESPAU.
“Soy Javier, graduado en Traducción e Interpretación y monitor de tiempo libre. Me diagnosticaron TEA en la guardería, con un grado de discapacidad del 45%. He pasado por educación ordinaria sin repetir ni una vez y vivo en Madridejos, un pueblo de Toledo”, explica. Sin embargo, añade algo clave: “De siempre me he sentido diferente tanto de la gente neuronormativa como neurodivergente, por lo que no me veo necesariamente como autista: me veo como Javier Nieto”.
La importancia de visibilizar un espectro diverso
Para Javier, la visibilidad no es una cuestión simbólica. Es estructural.
“El autismo es un espectro muy amplio: dos personas con TEA pueden ser completamente distintas en personalidad y necesidades. Por ello es importante visibilizar que el TEA viene en muchas formas y que cualquiera puede serlo».
Romper mitos: emociones, inteligencia y conducta
Uno de los mitos que más le gustaría desmontar es el de que las personas con Asperger o autismo “no sienten emociones”.
“Sí las sienten, pero la regulación emocional es distinta. Además, no son todos necesariamente ‘inteligentes’ ni se portan todos mal”.
También tiene la percepción de que los adultos autistas no existen: “Una de las mayores ideas falsas es que directamente no existimos. La realidad es que sí existimos —soy evidencia de ello—, pero solemos estar más ocultos cuando ni siquiera tenemos diagnóstico. Aún hay mucha gente difundiendo ideas anticuadas sobre el autismo”.
Vida adulta: autonomía cuestionada
Cuando habla de su día a día, el tono se vuelve más personal.
“El mayor problema que tengo es que casi nadie me toma en serio como adulto. Este año cumpliré veinticuatro años y me siento más atrasado respecto a otros de mi edad que cuando tenía catorce. No tengo carné de conducir, llevo tan solo un año con mi propia tarjeta de crédito y no he tenido un trabajo remunerado a largo plazo”.
Explica que, en ocasiones, siente que su entorno solo recuerda que es adulto cuando menciona su grado universitario. Y reflexiona: “Pese a eso, me creo capaz de vivir una vida adulta plena, pero tengo ciertas barreras (a veces mentales) que me lo impiden. Mucha gente se cree (a veces incluso de forma subconsciente) que tener discapacidad es ser una persona inmadura e incapaz de tomar sus propias decisiones, cuando no tiene por qué ser el caso en absoluto.»
Empleo y apoyos: el gran reto
Durante años pensó que no necesitaba apoyos. “Creía que podía encajar igual o mejor que cualquiera si me esforzaba lo suficiente”.
Hoy lo tiene claro: “Necesito apoyos para integrarme en el mundo laboral. Las entrevistas parecen casi hechas para filtrar a determinados neuro tipos y la etiqueta de ‘discapacitado’ suele ser una desventaja a la hora de conseguir un trabajo digno”.
Reconoce que existen programas de integración laboral, pero reclama que cada vez más personas con discapacidad puedan acceder a empleos por mérito propio, sin miedo a la exclusión.
Además, denuncia una situación concreta: la denegación de ayudas públicas por no presentar discapacidad intelectual, bajo el argumento de que “hay gente que lo necesita más”. Una experiencia que, asegura, no es aislada.
Propone tres medidas claras: mejor gestión de los recursos públicos, mayor formación en diversidad —especialmente para profesionales del ámbito social— y no abandonar a quienes viven en entornos rurales con menos acceso a servicios.
Diagnóstico, paciencia y respeto
A las personas que sospechan que pueden ser autistas pero aún no han dado el paso, les recomienda buscar apoyo con paciencia. Advierte sobre los riesgos del autodiagnóstico cuando no hay acompañamiento profesional, y anima a contrastar opiniones antes de sacar conclusiones definitivas.
Un mensaje claro
Para cerrar, Javier lanza un mensaje directo a la sociedad:
“Ser autista sin discapacidad intelectual no es solo tener intereses especiales o sensibilidad a los estímulos, como se dice en redes sociales. He sido víctima de acoso, criminalidad y exclusión por el mero hecho de tener discapacidad. Y que sea ‘invisible’ no es una ventaja, porque hace que la gente asuma que no necesitas ayuda”.
Desde FESPAU, reiteramos que avanzar implica escuchar voces en primera persona. Porque el debate sobre términos puede evolucionar, pero el derecho a apoyos, oportunidades y respeto no debería estar en discusión.

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